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Donde nace la ruina

Novela de fantasía

Donde nace la ruina

El último vínculo

La magia puede salvarte.O puede arrebatártelo todo.

Escrito por Cloudial

El libro

Hace décadas que no nace un mago

En Prestovell, la ciudad de las torres de metal ennegrecido, la magia ya no es un don: es un recurso que se arranca, se drena y se quema. Los últimos magos fueron cazados, y la danza de las estrellas dejó de verse en el cielo.

Hasta que una noche, en lo más profundo del bosque, nace un niño. Y de entre las sombras surge un pequeño gato negro con un mechón blanco en el pecho, tan definido que parece una diminuta corbata.

Cloudial no es solo un mago. Es un BestiMago. Y muy lejos de allí, alguien en lo alto de una torre acaba de sentirlo.

Entre ruinas, persecuciones y verdades que nadie debería descubrir, Cloudial aprenderá que hay vínculos que no pueden romperse… y otros que, cuando se rompen, lo cambian todo.

Toda magia tiene un precio.

Personajes

Quienes caminan entre las ruinas

Cloudial, joven de pelo oscuro con capa y un bastón de cristal luminoso, en el bosque.

El BestiMago

Cloudial

Nació la noche en que el bosque contuvo el aliento. No crece con los años, crece con lo que comprende. Tiene los ojos marrones, pero cuando la magia lo atraviesa se vuelven amarillos, como el ámbar.

«No. Pero sé que debería tenerlo.»
Cloud, gato negro de ojos amarillos y mechón blanco en el pecho, sentado sobre un libro. Cloud convertido en libro: un libro cubierto de pelaje negro, con ojos amarillos y el mismo mechón blanco.

El vínculo

Cloud

Negro como la noche más cerrada, salvo por un mechón blanco en el pecho. Duerme al sol, desaparece durante horas y habla dentro de la mente de Cloudial. Cualquiera diría que es un gato. Nunca lo ha sido.

«Deja de pelearte con ello y empieza a percibir lo que hay debajo.»
Valentina, mestiza de orejas y cola animales, con capa y daga, en un bosque dorado.

La mestiza

Valentina

Sus orejas y su cola delatan lo que intenta esconder. Aprendió pronto que el silencio puede salvarte la vida. Lista, rápida y sin paciencia para las tonterías.

«Crear un problema más grande que nosotros.»
Yune, princesa de largo cabello castaño con diadema y vestido blanco y rojo.

La princesa

Yune

De niña se escapaba de las ceremonias para hablar con quienes nadie miraba. Pasea por Prestovell, escucha a su gente y sigue sin entender por qué el mundo tiene que ser así.

«No entiendo por qué algunos tienen tanto y otros tan poco.»
La Capitana, figura con armadura negra y casco, de ojos que brillan en rojo, entre llamas.

La armada de Prestovell

La Capitana

Su armadura oscura absorbe la luz en lugar de reflejarla. Nunca alza la voz y nadie le ha visto el rostro. Su sola presencia basta para que un ejército entero obedezca.

«Te encontré.»

La cabaña

El Maestro

Vive apartado entre árboles retorcidos y no dice su nombre. Enseña a golpes, y luego a escuchar.

«La magia es una relación.»

La torre central

El Rey

Gobierna Prestovell con las manos sobre un artefacto que late. Siente cada pulso de magia del mundo.

«Ha nacido uno.»

La aldea

Lulu

La madre de Cloudial. Su nombre no lo eligió: lo recordó.

«Recuerda quién eres.»

El camino

El comerciante

Rostro marcado por el tiempo y mirada firme. No duda cuando la situación lo exige.

«La pregunta no es por qué, sino para qué.»

El mundo

Un mundo donde el maná se recolecta

Todo contiene maná, aunque algunos materiales lo esconden mejor que otros. La pregunta es qué haces con él.

Donde la magia se escucha

El bosque

Raíces que se tensan bajo la tierra, criaturas que guardan silencio y una aldea oculta tras una barrera de magia. Allí las noticias no llegan en cartas: viajan como ecos que se quedan pegados al aire.

Donde la magia se impone

Prestovell

Torres de metal ennegrecido que perforan las nubes. El aire huele a hierro, a humo y a maná quemado. Bajo la ciudad late su verdadero corazón: cámaras y conductos donde la magia se arranca de todo lo que la contiene.

BestiMago
Un mago nacido unido a una bestia. Hacía tanto que no nacía uno que casi nadie los recuerda.
Maná
La energía que habita en todo: piedra, madera, metal. Cada material la guarda a su manera.
Mestizos
Personas con rasgos animales: orejas que reaccionan al menor sonido y colas que no saben mentir.
Aoris y Elone
Dos luces que, en noches señaladas, bailan persiguiéndose por el cielo. Verlas es una bendición.

Las tres reglas de la magia

«Hay tres reglas que ningún mago debería olvidar, y si rompes alguna de ellas no será la magia la que falle, sino tú.»

  1. INunca tomes más de lo que tu cuerpo puede contener.

    Si lo haces, la energía se vuelve contra ti y empieza a devorarte desde dentro.

  2. IINo toda magia es afín a ti.

    Si intentas absorber algo cuya esencia no reconoces, no se integrará contigo. Te rechazará.

  3. IIILa magia siempre tiene un precio.

    Y rara vez coincide con el que uno estaba dispuesto a pagar.

Lee el comienzo

La noche de las dos luces

El prólogo y el primer capítulo, tal y como aparecen en el libro.

PRÓLOGO

Ella alzaba la mirada hacia el cielo, inquieta, con el pulso marcado por una espera que parecía no tener fin.

La noche se había cerrado por completo sobre el mundo, profunda y densa, extendiéndose como un manto de azabache que envolvía cada rincón del paisaje. No había viento, ni sonido alguno que rompiera aquel silencio suspendido, como si incluso el tiempo se hubiera detenido para observar.

A su lado, él sonreía con una calma que no nacía de la certeza, sino del deseo sincero de tranquilizarla.

—Tranquila… pronto llegará —dijo en voz baja, apretando suavemente su mano.

Pero ella no podía dejar de contar. Sentía cada segundo, cada latido, cada instante que pasaba sin respuesta.

—¿Y si no llega…? —susurró, apenas audible, con la voz quebrándose lo justo para delatar su miedo.

Él entrelazó sus dedos con los de ella, sosteniéndola con firmeza, como si aquel simple gesto pudiera mantenerla a salvo de cualquier duda.

—Te lo prometo… llegará.

Y entonces, el cielo respondió.

Dos luces surgieron en la oscuridad, rasgando la noche con un brillo imposible. No eran simples estrellas. Se movían con una gracia viva, persiguiéndose la una a la otra en un juego silencioso, trazando caminos efímeros sobre el firmamento negro. Su luz era intensa, casi consciente, como si ambas compartieran un mismo latido.

—Ahí están… —exclamó ella, y su voz, ahora llena de asombro, se mezcló con un alivio que parecía liberarla por completo.

Pero él no miraba al cielo.

La miraba a ella.

A cómo aquella luz se reflejaba en sus ojos. A la forma en que su expresión se transformaba, iluminada por una felicidad que ninguna estrella podría igualar.

Durante unos instantes, el mundo pareció sostener aquel momento.

Hasta que la danza cesó.

Las luces se separaron lentamente, regresando a su lugar en el firmamento, como si nunca se hubieran movido. La noche recuperó su quietud, y el silencio volvió a imponerse, profundo y absoluto. Ella giró el rostro hacia él, aún con ese brillo en la mirada, y sonrió con una serenidad que no tenía antes.

—Tranquilo, amor… todo saldrá bien.

Su voz ya no temblaba.

—Estamos bendecidos por Aoris y Elone.

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CAPÍTULO 1

El dolor dejó de ser una ola para convertirse en un abismo.

—¡Ah! —el grito de Lulu desgarró el aire, ya sin contención, sin fuerzas para seguir luchando contra lo inevitable.

Su cuerpo temblaba, arqueándose con violencia, como si algo en su interior no solo quisiera nacer, sino abrirse paso reclamando su lugar en el mundo. El sudor empapaba su piel y sus dedos, crispados, arañaban la madera con una desesperación que no podía controlar.

—Respira… respira… —insistía la voz a su lado, firme, aunque lejana, como si perteneciera a otro lugar.

Porque Lulu ya no estaba del todo allí. Había cruzado un umbral invisible, y al otro lado… algo la observaba. Fuera, el bosque reaccionó.

Las raíces se tensaron bajo la tierra, las hojas dejaron de susurrar y hasta las criaturas guardaron silencio, como si una presencia mayor hubiese reclamado la calma. Era un silencio distinto, expectante, como si el propio bosque estuviera conteniendo el aliento.

Dentro de la casa, el aire se volvió denso, casi irrespirable. Cada respiración costaba. Cada latido dolía.

—No es… solo… un niño… —jadeó Lulu, con la mirada fija en algo que nadie más podía ver—. Está… viniendo con él…

Entonces la oscuridad se movió, no desde fuera, desde dentro.

Las sombras de la habitación se alargaron, separándose lentamente de las paredes, deslizándose por el suelo con una fluidez antinatural, como si tuvieran voluntad propia.

Y de entre ellas emergió, un pequeño gato, negro como la noche más cerrada, salvo por un mechón blanco en el pecho, tan definido que parecía una diminuta corbata. Sus ojos, abiertos y conscientes, no parpadeaban; había en ellos una serenidad antigua, imposible en una criatura tan pequeña.

Avanzó hacia Lulu sin prisa, como si aquel momento le perteneciera.

—…ya estás aquí… —susurró ella, entre el dolor y el alivio.

No era una sorpresa, era un reencuentro, en ese momento el dolor alcanzó entonces su punto más brutal. Un último empuje, un grito que lo rompió todo… y después, el silencio.

Breve, denso y absoluto. Hasta que llegó el llanto, fuerte, claro, innegablemente vivo. El bebé había nacido.

—Cloudial… —susurró Lulu, apenas con voz, pero con una certeza absoluta.

Ese nombre no se elegía, se recordaba, pero la magia aún no había terminado, el gato dio un salto, no como lo haría un animal, sino como algo que regresa a su lugar. Su cuerpo se disolvió en una bruma oscura, suave como tinta expandiéndose en el agua, y durante un instante todo pareció ralentizarse, como si el mundo necesitara observar aquel cambio.

Su forma se plegó sobre sí misma, transformándose, y entonces… un libro, pequeño, cubierto de un pelaje oscuro, suave y cálido, con el mismo mechón blanco en el centro. Dos ojos se abrieron lentamente en su cubierta, y una pequeña boca se estiró, como si respirara por primera vez. El libro estaba vivo. Se deslizó hasta el recién nacido y se acomodó junto a él, como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar, en ese instante, Cloudial abrió los ojos. Eran amarillos como el ámbar, brillantes con una intensidad extraña, profundamente felinos, como si en ellos habitara algo más antiguo que su propio nacimiento, el aire vibró a su alrededor, no como un hechizo aprendido, sino como algo instintivo, primitivo, inevitable.

El vínculo se selló, fuera, el bosque reaccionó, las criaturas se inclinaron, las sombras retrocedieron, y en lo más profundo de sus raíces algo despertó, removiéndose con una conciencia que llevaba demasiado tiempo dormida, porque no había nacido solo un niño, había nacido un BestiMago, y el mundo… acababa de notarlo.

Y el mundo acaba de notarlo. La historia continúa en el libro.

Llega en noviembre
Cloud, el gato negro de ojos ámbar y mechón blanco.

Para Cloud

Cloud existió

«Han pasado más de cuatro años desde que comencé a escribir. Este libro está hecho desde el corazón, desde el alma; no es un libro cualquiera. Cloud existió, y este libro le da el réquiem que merece.»
Del autor, en las primeras páginas

Antes que personaje, Cloud fue un gato de verdad: negro, con su mechón blanco en el pecho y una forma de mirar que parecía saberlo todo. Cada página de esta historia lleva sus huellas.

El autor

Cloudial

La firma detrás de Donde nace la ruina. Muy pronto, más sobre quien escribe esta historia.

Próximamente

Llega en noviembre

Muy pronto estará disponible en la editorial y en estas librerías.

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ISBN 978-1-291-73573-4